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| Gandhi Nagar (Bangalore) |
Nada mas bajar del rickshaw en la estación de tren se me avalanzó un chico para ofrecerse a llevarme la maleta (a cambio de unas rupias, claro). Antes de darse por vencido me ha seguido hasta la ventanilla de los tickets y el mismísimo andén. Durante el trayecto mis companyeros de viaje han ido cambiando entre vendedores de té y snaks que gritaban el nombre de los productos que ofrecían. El paisaje, verdísimo con casas aisladas hasta la entrada en Bangalore, ciudad plagada de fincas, gente y basura. Nada más bajar del tren caía otra lluvia de ofertas para llevarme la maleta. Y al salir de la estacion más de lo mismo con los conductores de rickshaws, que insistían en que el hotel que yo les indicaba era muy caro y ellos conocían otro mejor (tienen comisiones acordadas con hoteles).
Por la tarde un paseo por Gandhi Nagar y City Market, zonas populares
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| ¿Por dónde paso? |
con incontables comercios minoristas, me produjo cierta ansiedad al encontrarme rodeada de tal número de personas (básicamente hombres), desperdicios, vendedores y miradas que se me clavaban directamente en mi persona. A penas encontraba valor para sacar la cámara e inmortalizar el ambiente. En comparación con el tranquilo pueblo donde he pasado estas semanas, la situación resultaba incómoda, ya que se me unía al cansacio acumulado. Centenares de personas, vacas y vehículos bailando al sonido irritante de los claxones sin orden alguno, mientras intentaba caminar sin chocarme, ser atropellada o tropezarme con las piedras y los agujeros que plagan lo que podría nombrarse aceras, hechas polvo y llenas de inmundicia. Mi mente cada vez estaba más en Europa ansiando encontrar tranquilidad y calma.
Ante la experiencia anterior, la última mañana en India la he pasado cómodamente en la habitación del hotel preparando el viaje de regreso. A medida que el autobús local se acercaba a el aeropuerto, el caos y la
suciedad daban paso a modernos edificios de estilo occidental y
carreteras bien cuidadas: me sumergía ya en un entorno privilegiado.
¿Cuántos habitantes de Bangalore podrían permitirse acudir a un
aeropuerto? ¿Y volar? Menos aún, por eso se te quedan mirando y algunos incluso te hacen fotos. Obligada por el horario de check-out del hotel, he pasado más de 8 horas en el aeropuerto a la espera del despegue rumbo a Frankfurt de 9 horas de duración.
Después de unas 30 horas de viaje llego a Valencia, pensaba que no llegaba el momento, pero una vez en España lo que parece mentira es haber experimentado India a través de los 5 sentidos: olores especiados, suaves sedas, cláxones irritantes, contraste de sabores y paisajes que te roban el aliento (para bien o para mal). Todo se desvanece. Los tenderetes de bananas, el chai (té indio), las sonrisas, los saris desfilando por las calles, las vacas con su imponente cornamenta, la inmundicia... situaciones agradables o desesperantes, pero al fin y al cabo enriquecedoras experiencias.
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| FIN DE LA AVENTURA |
Qué pena que se haya acabado... Gracias por acercarnos un poquito a ese mundo a través del blog :)
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